Un saludo a los pagos.
Esta es una breve reflexión salida de los bordes del Imperio Cibernético, sin ningún tipo de pretensión más que de poner en palabras relativamente inteligibles un recorrer conceptual por sobre esta eterna lucha, una de las tantas cosas verdaderamente importantes de la vida, y tan poco trabajadas, que es cuestionarse la vida en si. Para esto no hace falta un diploma, ni un estudio profundo, ni ser popular ni ser un marginal. Hace falta un compromiso profundo con pensar y contemplar: una de las pocas evidencias contingentes de un sentido de trascendencia, presente en la totalidad de mitos, culturas y religiones del mundo, el ya repetidísimo «Quod semper, quod ubique, quod ab omnibus».
No tenerlo en algún grado es estar muerto espiritualmente. Y yo acá estoy ofreciendo sangre de unicornio.
Ser consciente de la contingencia es el primer paso para existir verdaderamente. Por eso hablé de pensar y contemplar. La razón no alcanza para derribar el muro teórico. La Dios Razón no puede matar al noema para que reaparezca en su mundo de forma correcta. Lo que si puede es crear caminos para que la consciencia se autointroduzca. Esto parece imposible y contradictorio. Porque esto es sin ninguna duda un purísimo Salto es el Salto de Fe de Kierkegaard: hay que tener pelotas para existir, porque existir en este sentido entra en conflicto con todo lo que la modernidad pretende de uno: utilidad, funcionalidad, maquinación. Es Energia Espiral metafísica. Es la máxima rebelión posible. Porque es una rebelión ontológica. Es el ser para ser. La libertad humana verdadera. No la indeterminacion liberal putrefacta. De vuelta, no es moral ni politica, es ontológica.
Nada de esto "se siente" bien. El salto implica enloquecer, porque cualquier intención se rompe dentro de esto. De alguna manera se ve cómo la contingencia ordena todo lo demás: lo que está bien, lo que está mal. Lo lindo, lo feo. Y desde un punto de vista quizás muy psicologista (detesto a los psicologistas) se ve el terror a la nada en los ojos de los mortales desparramado en todos sus altares y en todas sus plegarias. La imagen del humanismo es la de un niño en el desierto deseando que existan las ciudades y los aljibes.
En todo esto la ciega diosa razón aporta luz por fin: aquellos que nos entregamos a esto verdaderamente no nos entregamos: somos arrastrados a esto. La apertura no es decisión del sujeto, como dice Heidegger (creo). Lo que encontramos es una necesidad incontrolable fuera de toda utilidad y beneficio, indecible e indecifrable. Otra evidencia contingente que viene del mismo lugar al que apunta la frase pretenciosa en latín de más arriba: la contingencia nos da necesidad de paliarla. Nunca hay una entera aceptación de la misma. Los que solo la aceptan son hedonistas: los muertos entre los muertos. Nosotros la aceptamos y la rechazamos a la vez: la hacemos parte intrínseca de nuestro ser y de nuestro proyecto de vida (el tempus fugit y el memento mori), pero buscamos más allá de esta, incluso arriesgando a ésta, en una sed vampiresca de sentido. Deambulamos en los confines del ser.
Por volver a unirlo a algo mas coyuntural (desprecio la coyuntura) esto es el origen de todo pensamiento elitista o anti-democrático. La gente que no piensa ni contempla no tiene la dignidad para gobernar. Esta lógica está implícita en cualquier tradición medianamente duradera (la demoliberocracia no es duradera). La tesis final de estos movimientos es que para que esto se de los Aristoi, los Classici tienen que recuperar su dignidad ontológica fundamental, latente pero no develada. Hay democracia, igualitarismo, libertad civil y política (gran sopa de repulsión) para rato en estos términos. Nadie va a iniciar ninguna revolución ultraconservadora, no se preocupen. «...Albanique patres, atque alta moenia Romae».
«et iam summa procul villarum culmina fumant
maioresque cadunt altis de montibus umbrae»